
A la hora de la cena, entre la prueba de sonido y el concierto, generalmente a Jim lo invitaban a comer, por lo que me decía “tengo que ir a cenar con unas personas pero, si querés, en el camarín hay comida y podés comer lo que quieras”. Más allá de esto, una vez me preguntó si quería ir a comer con ellos y -obviamente!- allí fuí. Cuando terminó la cena, veo que Jim está hablando con la persona que lo contrató, para pagarle de su bolsillo mi parte de la cena. Le pedí pagar lo que correspondía, pero él insistió diciendo que yo era su invitado.
Que él haya pagado esa cena, asegurándose de no generarle un gasto extra a la persona que lo contrató, es entonces la séptima parte de esta serie de anécdotas con Jim Hall. Además fue, si recuerdo bien, la última vez que comí carne (en tiempos pre-veganos de mi vida).

