Equipamiento

El equipamiento son “esas cuestiones físicas” que te permiten hacer música, cierto? Pues bien, opino fuertemente que el verdadero equipamiento que tengo es manos, oídos y cuerpo (“corazón”, para los poéticos).

Sí, ya sé, suena cursi…
pero hay tres historias que me hicieron darme cuenta de que este es el verdadero equipamiento (el único que tenemos y el único que importa). Me gustaría compartirlo con ustedes porque, aunque sea un texto largo, espero resulte útil a alguien… es importante cuidar este equipamiento imposible de comprar!

Manos

Vivía en Buenos Aires, y tenía un ensayo en una sala de -justamente- ensayos. Por esa época tenía la costumbre de llevar mi amplificador a todos lados, porque más allá de que en la sala había varios equipos, quería tener “mi sonido”. Apenas terminamos cargué el no muy pesado Polytone MiniBrute IV hacia la vereda. Después de 10 minutos sin siquiera ver un taxi, decidí caminar un par de cuadras hacia una calle de mayor circulación.

Al otro día me sucedió que después de 3 o 4 horas de tocar (lo cual no me resulta demasiado tiempo) me descubrí una sensación rara en el antebrazo izquierdo. No dolor, solo una sensación; algo extraño, y que no era bueno. Al otro día pasó lo mismo y, como ya identificaba la sensación, era cada vez más intenso. Pensé que tenía tendinitis, lo cual literalmente había acabado con la carrera de varios músicos conocidos, y realmente se me pasó por la cabeza que quizás me aparecía un fatal “game over”. Fue una reacción exagerada, lo admito, pero me sirvió para enfrentar el tema.

Visité un médico y, aunque no aportó demasiada información útil, me tranquilizó diciendo que el dolor no era en la zona de los tendones. Era una pequeñísima lesión muscular (lo cual se recuperaría fácilmente) por haber cargado el equipo justo después de tocar. Claramente mi estado físico no era el mejor por esa época (tampoco lo es ahora, pero al menos ahora tengo auto!).

Llamé a un amigo que me recomendó una kinesióloga que hacía “eutonía”, que había ayudado a varios músicos a curar lesiones. Esas clases con Amalia Coragio fueron de las mejores clases de guitarra que tuve. Aprendí ciertas cosas respecto a “la máquina que toca” y “la cabeza que controla la máquina”. Hoy en día empiezo mi día haciendo rutinas de estiramiento/respiración, y a quién le interese la recomendación le recomiendo fuertemente hacer alguna experiencia de este estilo (yoga, eutonía, etc.).

Aprendí una lección muy cara a un costo casi nulo.

 

Oídos

Era un sotano diminuto en el que tocaban bandas que creían estar tocando en un estadio. El volumen era brutalmente fuerte, y al otro día todavía tenía ese molesto zumbido en el oído después de tal “abuso decibélico”. Pasaban los días y el molesto ruido, aunque había disminuído, ya estaba ahí instalado adentro de mi cabeza.

Siempre tuve un oído un tanto extraño. A veces me pasa que escucho sonidos agudísimos y nadie me cree que están sonando. Suelen ser llaves de gas que vibran. O escucho esos aparatos que sirven para ahuyentar insectos… insectos, ratas, murciélagos y Pedros. El zumbido seguía, pero creo que lo que escuchaba era un ruido permanente que quizás tuve toda mi vida.

No era algo que me afectase demasiado, pero por las dudas quería corroborar que no fuera señal de una condición que pudiera empeorar con el tiempo. Tengo la suerte de que en mi ciudad vive un excelente especialista en cuestiones de oídos, y el Doctor Tato (ese es su nombre) me recetó hacerme un estudio.

Era bastante parecido a una audiometría, pero no requería de mi participación; la máquina hacía todo por su cuenta. “Vas a escuchar unos sonidos y vas a ver que en la pantalla aparece un número entre 0 y 10”. Primer sonido, aparece un “7”; segundo sonido, un “9”. Todo razonable. Hasta el tercer sonido, que apareció un “11”. Empezaron a salir números cada vez más altos, lo cual no me precupó demasiado hasta que ví que el técnico miraba con la boca abierta los resultados que aparecían en la pantalla.

Otra vez -y soy el primero en aceptar mi exageración- me dije “ok, listo, hasta acá llegó mi oído; fue divertido mientras duró”. Realmente pensé que eso significaba que en algún momento iba a dejar de poder escuchar.

Por suerte el resultado fue que mi oído escucha más agudos de lo que se considera normal. No hay lesión, ni enfermadad, nada raro; solo más agudos. Esos números por arriba del máximo indicaban mayor sensibilidad en las frecuencias altas. En cuanto al zumbido, puede llegar a ser que el oído escucha ruidos que hace el propio cuerpo. En fín, realmente no sé con seguridad porqué tengo este zumbido (por suerte casi ínfimo), y no considero que esta “mayor sensibilidad” sea algo bueno; de hecho implica que muy rápidamente mi debil timpano pide escapar de volumenes fuerte. Así que soy el bobalicón que va con tapones a los conciertos, y el guitarrista que usa cuerdas gruesas con el tono cerrado.

Considero que el oído es la herramienta más importante de un músico, ya que no solo es su profesión sino que también su vocación y su principal hobby: escuchar!

Otra lección barata. No tan barata como la anterior, pero barata.

 

Corazón

Pff, qué cursi. Pero lo digo en serio, porque una vez tuve una especie de ataque cardíaco. El metrónomo interno se salteó un par de clicks, y esta fue la mejor lección que tuve (aunque un tanto cara).

Estabamos probando sonido en un importante teatro, festejando los primeros 100 shows de una banda en la que yo tocaba. Típica prueba de sonido que dura horas, con muchos cables y mucha gente dando vuelta. Estaba arriba del escenario, tonteando con la guitarra, esperando.

Cuando todo empezó a vibrar no tenía ni idea qué pasaba. Los 380 voltios que entraban por mi pulgar a través de la 6ta cuerda de la guitarra me dejaron casi estático (vibrando un poco, eso sí) arriba del escenario. Mis compañeros de banda por suerte se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo, y no es nada fácil ayudar a alguien que está electrocutándose. Parece que fueron como 15 segundos de electro-cocción; terminé en el piso, y ahí es cuando parece que tuve un pequeño ataque cardíaco. No sé si fue por la electricidad o por el susto (no son opciones excluyentes).

“Deberías tener daño muscular y parece que está todo bien”
“Deberías tener los riñones en mal estado, pero andan bien”
Los médicos no podían determinar exactamente lo que me había pasado, ni porqué la estaba contando.

Después de un día en el hospital, ya casi había desaparecido la mancha roja que iba desde el pulgar (por donde había entrado la electricidad) hasta el pecho; algo así como un “red-plating” en el brazo, para aquellos que conocen este efecto de los amplificadores valvulares. El agujero de medio centímetro que había hecho la 6ta cuerda al entrar al pulgar (cosas que pasan con los 380 voltios) tardaría un poco más de tiempo en curarse.

Un año después de este incidente decidí festejar mudándome de ciudad para estudiar música en forma seria y formal. Es decir, si estás en la cancha con dos amarillas lo mínimo que podés es hacer es disfrutar el juego, cierto?

 

Hoy en día,
me pone muy contento agarrar la guitarra, expresar algo y escuchar ese sonido; tres cosas que podrían no suceder!

 


Pero, en fín, esto no quita que a mis manos les gusta tocar ciertas cosas, que producen sonidos que mis oídos aprecian y que “alegran mi corazón”!

  • Tengo la suerte y el honor de ser endorser de Suhr Guitars, y uso el modelo Classic T (Telecaster, digamos). Nunca uso el micrófono del puente, y vivo una feliz vida en un humbucker Suhr SSV colocado en la posición del mango.
  • Uso cuerdas flatwound Thomastik calibre .012 (modelo JS112) y, para afinación grave, uso calibre .014 (modelo GB114). Para tocar blues reemplazo la 3era cuerda, que normalmente es entorchada, por una cuerda “plain” calibre 19.
  • Para tocar chord-melody suelo usar un amplificador Evans AH200; un poderoso cabezal clase D, similar a lo que hoy en día muchas veces emplean los bajistas. Liviano, potente y sonido 100% limpio.
  • El Evans tiene una linda reverb, pero me acostumbré a usar dos reverbs combinadas, que es una configuración habitual en el estudio de grabación. Una de las reverbs es muy corta, pero a bastante alto volumen, mientras que otra es muy larga (4 segundos) pero a bajo volumen. La reverb corta ayuda a unir los acordes, y la logro desde el Evans, y la más larga da un lindo ambiente, y sucede gracias a un TC Electronic Hall Of Fame.
  • Cuando necesito un sonido más bluesero, es turno de un Fender Deluxe Reverb ’74 (convertido a especificaciones Blackface) que uso exclusivamente como cabezal (es decir, sin usar el parlante interno).
  • Tanto para el Evans como para el Fender, uso un gabinete de parlantes 2×12, marca Argie, con parlantes WGS C12c/s.
  • La púa es, en mi experiencia, una de las cosas que más afecta al sonido… uso púas D’Andrea Pro Plek 1.5mm (usada al revés, con la parte más redonda hacia las cuerdas).
  • El cable es otra de esas cuestiones que influyen mucho más de lo que uno cree, y uso cables marca Evidence. Uso tanto el modelo Lyric como el modelo Forte.
  • Un looper es algo fantástico a tener, y el TC Electronic Ditto X2 es el mejor que he probado.
  • Para tocar blues suelo agradecer la ayuda de un delay TC Electronic Flashback X4, en el que tengo programados tres tipos de sonido: slapback casi imperceptible (que es el sonido base), slapback sutíl (que uso para solos) y un delay normal (con repeticiones cada unos 400ms, con 2 o 3 repeticiones).
  • También cuando las cosas se ponen blueseras uso un Xotic RC Booster, que al pisarlo sube un poco el volumen y enfoca el sonido del equipo. Antes solía usar directamente el potenciómetro de volumen de la guitarra, pero pisar el pedal hace un cambio mucho más preciso (sobre todo cuando hay poco tiempo para pasar de guitarra rítmica a guitarra solista), y además me permite no tener que bajar tanto el volumen de la guitarra (lo cual, como no uso treble-bleed en mis guitarras, hace que el sonido se torne demasiado opaco).
  • En vivo uso un afinador tipo clip, marca Planet Waves modelo NS Mini. Pasa completamente desapercibido, y puedo afinar mientras digo alguna tontería por el micrófono (sin tener que agachar la cabeza como sucede con los afinadores de piso).
  • En el estudio de grabación, y también a la hora de calibrar las guitarras, agradezco tener un afinador Peterson StroboStomp 2. Nunca antes había visto un afinador que realmente fuera preciso, y siempre terminaba confiando más en mi oído que en las indicaciones del afinador. Sigo confiando en mi oído más que en cualquier otra cosa, claro, pero una ayuda siempre viene bien!

specs suhry

Pedro Bellora