El Músico Invisible #5 – Mellizos separados al nacer

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Imaginemos el caso de dos mellizos que  son separados al nacer. Ambos deciden dedicarse a la música, pero toman caminos absolutamente distintos: uno de ellos elige aprender todas las reglas a través de métodos formales, y el otro se dedica a escuchar discos, copiando los sonidos, siempre rodeado de pares que también se la pasan haciendo música. ¿A cuál de los dos irías a escuchar? ¿Al que conoce todas las reglas pero nunca las aplicó, o al que dedicó toda su vida al acto creativo artístico?

Planteo esta situación para hablar acerca de la actitud que tomamos frente al conocimiento. Por supuesto el secreto siempre está en buscar el equilibrio entre enfoques aparentemente contradictorios y, sabiendo que uno siempre va a errar hacia uno u otro lado, ¡no está mal elegir el exceso que mejor nos resulte! La teoría y la práctica deben estar en permanente conversación (ninguna funciona bien sin tener a la otra de compañera) pero, en definitiva, llega un punto en el que tenés que elegir si tu objetivo es ser un teórico de la música o si aspirás a ser el próximo John Coltrane (cambiar el nombre para adaptarlo a la disciplina que quieras, por supuesto).

El camino formal, que tomó el primero de los mellizos, es algo que todos conocemos. Clases grupales, contenidos sistemáticos, cursos correlativos, exámenes, etc. Pero aquel otro camino, el que tomó el segundo mellizo, pareciera no estar tan definido. ¿Cómo es aprender algo desde la experiencia misma? ¿Hay algún método para ordenar el conocimiento a través de la vivencia? ¿Existe una manera de tener un método callejero para abordar el aprendizaje?

El método callejero surge desde la experiencia y va hacia la experiencia. Toma una experiencia ajena para hacerla propia y transformarla en una nueva experiencia personal. Es un método sucio y desprolijo, pero que funciona en forma sorprendentemente profunda. Es, además, la única manera de aprender aquello de lo que es imposible hablar; lo cual, en el arte y en la vida, considero que es algo que jamás deberíamos dejar de perseguir.

Basándome en una frase del genial trompetista Clark, esto es lo que yo llamo El Método de las Tres I: Imitar, Internalizar e Innovar. Imitar es tomar algo ajeno, aspirando a estar en la piel de uno de nuestros referentes, sintiendo aquello que esa otra persona vivenció al realizar una determina acción. Internalizar es entender en forma profunda lo que uno está imitando, empleando los recursos teóricos y técnicos que tengamos a mano. Innovar es, finalmente, tomar esa conceptualización de lo imitado para aplicarla en un acto que nos será absolutamente propio.

Imitar es, entonces, dejarse inspirar en forma profunda por lo hecho por uno de nuestros referentes; ya sea esto tocar nota-a-nota un solo de Wes Montgomery, conocer todos los detalles que llevaron a Gandhi a realizar la Marcha de la Sal o ponerse en la piel de Steve Jobs durante los comienzos de Apple. Internalizar es trascender el “qué” para concentrarse en el “cómo” y el “para qué”; ya sea esto lo que Pat Metheny hizo al aprender los solos de Wes Montgomery, lo que Martin Luther King hizo al entender el concepto detrás de las acciones de Gandhi, o lo que alguien como Mark Zuckerberg –o cualquier entrepreneur tecnológico- hizo al tomar el modelo que representó Steve Jobs. Finalmente, Innovar es tomar lo internalizado para aplicarlo a nuestra situación personal real; ya sea esto formar el lenguaje absolutamente personal de Pat Metheny, la protesta de los autobuses públicos que organizó Martin Luther King o el diseño de Facebook hecho por Mark Zuckerberg.

Lo curioso es que aquello que alguien toma como una innovación puede ser lo que otro imite, y el círculo se completa formando una espiral que conforma la historia de nuestra disciplina. Wes Montgomery aprendió a tocar transcribiendo solos de Charlie Christian, y a su vez Pat Metheny aprendió a tocar transcribiendo solos de Wes Montgomery. Esto no significa que ellos suenen en forma similar, pero definitivamente hay mucho en común en cuanto al modo que tienen al abordar su proceso creativo.

El compositor Claude Debussy decía que las reglas no generan obras de arte, sino que son las obras de arte las que generan reglas. Y, quizás por eso, es que elegimos ir al concierto del segundo mellizo… ¿cierto?

“El Músico Invisible” es una columna mensual acerca de la música, el arte y el hecho artístico. Aparece en la revista de Angostura VideoCable, llegando a una gran cantidad de hogares de la ciudad de Bariloche. Podés leer todas las entregas en http://www.pedrobellora.com.ar/como-docente/textos/el-musico-invisible/ .

Revisión de texto por Marta Carbonero, Valeria Italiani y Martina Gelardi.