Mi anécdota con Jim Hall – #9

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Tuve la suerte de presenciar un ensayo, cuando en medio de la gira el pianista Geoffrey Keeser tuvo que irse y fue reemplazado por el saxofonista Greg Osby. Esto fue una oportunidad única de ver como músicos de esta categoría aprenden material nuevo.

Empezaron a tocar un tema de Greg. Vale aclarar que Greg utiliza en sus composiciones un sistema extraño de notación de acordes, distinto al habitual. Hicieron una primera pasada del tema y Jim lo tocó de una forma absolutamente elemental, casi como si fuera un músico principiante. Se ve que no solo a mi me llamó la atención la forma  en la que Jim estaba tocando, porque Greg –el saxofonista y compositor del tema- se acercó a él y le dijo “si querés podés re-escribir los acordes en forma más normal…”. Jim le respondió “si los escribiste así debe ser por algo, así que quiero aprenderlo”.

La primera pasada fue básica, pero impecable. Entonces tocaron el tema por segunda vez.

Jim empezó a moverse por los acordes, como si fuera un “estudiante avanzado de jazz”. A la tercera pasada ya era un “muy buen músico” y así sucesivamente. Llegada la quinta pasada ya era música de altísimo vuelo y, cuando esa noche tocó el tema por primera vez, ya era Jim Hall.

Que él haya mostrado su proceso de aprendizaje, yendo desde lo básico hasta lo avanzado en pasos pequeños y seguros, es una lección que intento siempre tener muy presente; y, por supuesto, eso amerita que esta historia sea la novena y anteúltima parte de esta serie de anécdotas con Jim Hall.

Esta anécdota la conté en el libro “Armonía en Capas” y, si querés leerla en forma más completa, podés encontrarla en la página 659.