Mi anécdota con Jim Hall – #2

Minutos después de conocer a Jim, estoy junto a él bajando en un ascensor para ir a la prueba de sonido. A todo esto, la prueba tendría que haber sido a las 16hs y ya eran pasadas las 18hs de un concierto que empezaba a las 19hs. Jim acababa de llegar a Londres, desde Nueva York, y un avión retrasado era el culpable de estas prisas. Mientras bajamos por el ascensor, me mira con esa absoluta paz y me dice “te pido disculpas si parezco algo inquieto, pero estoy llegando más tarde de lo que quisiera”. Le digo “esto sos vos cuando estás intranquilo?”. Se ríe.

Cuando llegamos a la zona de camarines, un mar de gente se avalanza hacia Jim, tratando de apurarlo para hacer de una vez por todas la prueba de sonido. El los detiene a todos, espera que hagan silencio y les dice algo similar a lo siguiente “hola, hola, quisiera presentarles a mi amigo Pedro. El vino desde Buenos Aires para este concierto, y es mi amigo. Eso significa que él puede entrar y salir de cualquier lugar de este teatro… no hay problema de que se mueva libremente por donde quiera y, si de pronto alguien tiene alguna duda, por favor lo hablan directamente conmigo”.

Que 5 minutos después de conocerme él haya tenido este enorme gesto de humanidad, especialmente en medio de una situación de caos, es entonces la segunda parte de esta serie de anécdotas con Jim Hall.